Conocimos a Luky Films en la feria de bodas de Málaga. Juan estaba junto a Jessica, nuestra fotógrafa, y enseguida nos dio la sensación de ser alguien profesional, cercano y con una visión clara de lo que quería contar con sus vídeos. Ambos hacían un tándem fabuloso, y tras hablar un rato con él, supimos que habíamos encontrado al videógrafo perfecto para nuestra boda.
Aunque el día del enlace Juan no pudo estar presente, su equipo nos dio total tranquilidad. Se notaba que estaban perfectamente coordinados, atentos a cada detalle y con un enfoque técnico impecable. Nos grabaron desde varios ángulos en todo momento, sin agobiar, con una discreción admirable y siempre cuidando el ambiente. Incluso durante nuestro baile de novios, uno de los momentos más íntimos y especiales para nosotros, todo fluyó de forma natural: el resultado quedó precioso, y en ningún momento sentimos que estuviésemos rodeados de cámaras.
En la postboda, ya con Juan al frente, la experiencia fue divertidísima. Nos propuso ideas, repitió tomas cuando lo creía necesario y, en todo momento, nos hizo sentir relajados, como si estuviésemos jugando en vez de grabando. Fue muy fácil conectar con él. Aunque nuestros gustos son un tanto frikis y con personalidad, nunca sentimos que nos mirase raro o con distancia. Al contrario, se interesó genuinamente por lo que nos gusta y creó un ambiente cómodo y de confianza desde el primer momento. Y eso que encontrar el día perfecto para grabar no fue fácil: aplazamos la sesión más de cinco veces por mal tiempo y acabamos haciéndola ocho meses después de la boda. Aun así, Juan se mantuvo siempre disponible, buscando el mejor momento y la mejor luz sin ponernos nunca un “pero”.
Cuando vimos el vídeo final de la boda, sentimos que todo lo que habíamos vivido estaba allí, con una sensibilidad y un gusto impecables. Más de una hora de recuerdos cuidados al milímetro, con una edición suave, elegante y fluida. Las transiciones, los planos desde dron, el ritmo y la música (la que le propusimos nosotros, perfectamente sincronizada con las imágenes) hacen que parezca una película. Aunque no estuvo presente el día de la boda, fue Juan quien se encargó personalmente de toda la edición y postproducción, imprimiendo su estilo, su mirada y su personalidad en cada minuto del resultado final.
Además, a los pocos días nos llegó un tráiler que nos dejó sin palabras. La entrega completa del vídeo no tardó ni cinco semanas, y el de la postboda, menos de cuatro días. Todo esto sin que le pidiésemos rapidez, más bien al contrario. Y como broche final, los vídeos nos llegaron en una caja preciosa de madera con cristal grabado, un pendrive de lujo, fotos impresas de capturas del vídeo y una sorpresa simpática que no desvelaremos, pero que hizo que todo tuviese aún más sentido.
La comunicación con Juan fue siempre fluida, sincera y resolutiva. En todo momento sentimos que entendía lo que queríamos y lo respetaba. Repetiríamos con él una y mil veces. Ya lo hemos recomendado a varios amigos y volveríamos a hacerlo sin dudar. Un trabajo impecable, cuidado y, sobre todo, hecho con cariño y profesionalidad. Gracias, de corazón.